Un cambio de piel.

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autorretraro rosedal palermo

La cuarentena comenzó con un sabor amargo porque varió radicalmente la rutina justo cuando todo estaba comenzando a tomar forma en el año. Con el otoño en sus inicios, los árboles se vestían de metamorfosis, regresaba a clases, retomaba proyectos personales. Pero como siempre, la vida sigue su propio ritmo y todo se preparaba para un cambio de piel.

El enlentecimiento del día a día, permitió a mis pensamientos vagar en el pasado y resucitó el pesar de extrañar a mi familia. Al principio me rehusé, me decía que no podía ser posible, ya esto lo lloré, lo viví, lo hablé, fui a terapia, ya esto lo sané. Debo admitir que estuve en completo rechazo.

Para agregarle sabor a la cuarentena...

Comencé a ver “Modern Family” lo que solo me hizo pensar que tenía 17 años y estaba con mi mamá, terminando bachillerato, época en la cual mi preocupación mayor era dar el discurso de grado y las típicas inquietudes anatómicas de cualquier adolescente.

La película mnémica que se reproducía en mi cabeza era de hace casi 10 años, estamos hablando de una década… la verdad es que cuando inicié este nuevo camino el contexto que creaba esos recuerdos ya no existía, el esplendor del país que me vio crecer estaba solo en mi memoria, inclusive mientras vivía allá.

De allí comenzó a derivar una serie de preguntas sobre mis cambios, quería indagar y sumergirme en mi universo interno. Recordé que en el proceso de construcción personal hubo distanciamientos que probablemente fueron los necesarios para crear el resultado que hay hoy, no obstante, hubiese preferido que no tomaran lugar.

¿Por qué tenemos una capacidad innata de ser caprichosos e infantilmente querer que las cosas sean exactamente como deseamos?
Supongo que es parte de crecer dejar atrás los caprichos y aceptar las condiciones como son, sacando lo mejor de eso. Aprendemos a encontrar lo maleable de la realidad, rompiendo límites y aspirando más alto… pero a veces, crecer apesta.

Hay situaciones en las que no quieres charlas motivacionales, y solo quieres dejar fluir la melancolía. Cuando simplemente extrañas y navegas en las profundidades del hubiese, a pesar de saber que es inútil.

Cual navegante estás con tu barco, en pleno océano, sientes la presión de la noche, el peso de la responsabilidad de tus decisiones; como cereza del pastel, hay tormenta, te acecha la posibilidad de hundirte con tu barco, de manera que todo se convierte en una marea de desilusión, y sientes perder el rumbo por un momento.

Haciendo un pequeño paréntesis...

Quiero expresar que lo mas cautivador de escribir es la explosión de emociones en el proceso, la sorpresa de descubrir un color nuevo, el asombro de un sentir distinto, la fascinación de un cambio de piel. La mano se deja llevar por el ímpetu de las ideas que buscan traducirse en palabras. Hay algo magnético entre el lenguaje y la verdad, dado que esta última disfruta desnudarse a través de las palabras.

Así me siento en este momento, desnuda ante mi propia verdad. Desvestida por un cambio de piel que está dejando ser al ser, para poder generar una nueva versión. Entretanto mis sollozos y un par de revelaciones hacen estrecemer mi cuerpo, siento algo dentro de mí que muero por exteriorizar, de manera simultánea, me percato también de que esta conversación conmigo misma era inevitable.

En este punto se gesta una disyuntiva… ¿Es realmente nostalgia criolla? ¿O siento suceder un cambio de piel que gatilla un mar de emociones?

¿Representaría una revolución para mi identidad, cambiar la percepción de la migración que tuvo un importante rol en los últimos años? ¿Significaría despedirme realmente de una identificación ,tal vez dolorosa, pero aun así tan protagónica para poder sanar, avanzar, construir y crear?

Volviendo con nuestro navegante, ante los obstáculos del mar adentro, desde el gran centro del océano, donde a cualquier lado que voltee se ve aparentemente igual, solo le provocaba gritar despavoridamente, mientras navega fuera de su zona de confort. Con la belleza y audacia de un océano impredecible. Con la rudeza de la oscuridad de la noche mientras nos hacemos preguntas y navegamos hasta conseguirlas.

En esta situación todo depende de la brújula interna, ya que tienes que saber adónde vas en tu cabeza, reconociendo donde estás y honrando de dónde vienes. Ese es el momento de confiar en tu instinto, en tu visión a largo plazo e invertir en el cambio, es decir, en la evolución. Con la voluntad de aprender del camino, aunada a un espíritu de aprendiz y junto con el agradecimiento hacia los maestros que da la vida.

Todo esto con el propósito de asegurarnos y confiar que todo está bien, que nuestro cuerpo tiene sed de emprender y tiene tan claro como el agua dónde está el norte.

Un cambio de piel:

Dejar atrás a la mujer herida, insegura y con miedos, para poder encarnar diariamente a una nueva mujer valiente, puede ser estremecedor. Pero si no me atrevo a hacerlo por mí, ¿entonces quién? Si yo no hago la apuesta a mí ¿Entonces quién? Confiar implica atreverse a salir de la zona de confort, a invertir, a veces a perder, pero, de cualquier manera, es aceptar la invitación del destino de dejar el cascarón y romper un mundo.

Es hora de liberarse de la maleta emocional del pasado, de la cual surgieron frutos preciosos y estoy agradecida con sus enseñanzas, pero es parte de lo que ya no es. Ya no tienen papel importante en mi día a día las preocupaciones de hace 10 años, 5 años, o inclusive 1 año.

Solo con la decisión de encontrar la belleza del presente se pueden apreciar maravillas. Las cosas no van a ser iguales que antes, no obstante, sé que con determinación pueden ser mejores. Ya no soy la mujer que creí que era, cuanto orgullo siento al decir eso.

No podemos olvidar a nuestro navegante ¿y cómo podría conquistar nuevas islas si siempre toma el timón con desconfianza?

Al día siguiente, pudo notar que la tormenta fue el acelerador que necesitaba para acercarse a su destino. No en todas las oportunidades la ayuda viene en bandeja de plata, a veces es un mar impetuoso, indomable, que nos está guiando a donde debemos estar.

En el recorrido, cuando sentimos que no sabemos navegar, que ya no vamos a poder, que todo está perdido, que queremos regresar porque ya no hay fe, es allí donde es menéster renovar el concepto de firmeza para maniobrar el timón. Luego vendrá la sensación de orgullo, de cambio de piel, porque es justamente en la travesía donde conociste a una nueva persona, tu nuevo yo. Mientras te mantengas en el camino, continuarás evolucionado siguiendo tu luz. Con todo esto, lo que se está haciendo consciente, es que ese océano en el que navegabas, era tu maestro y la audacia que un día te retó, te enseñó a ti a ser audaz para seguir a tus sueños con fe y optimismo.

Ningún marinero se forma desde la comodidad de la isla.

Ninguna certeza se crea sin una crisis, sin una buena pregunta que demuestre lo irrefutable de los hechos. Del dolor queda una huella, para recordar lo que descubrimos de nosotros. Hasta que algún día podamos responder a una de las preguntas fundamentales: ¿Quién soy?

Citando las palabras de una hermana: "la mujer que tú conocías, ya no existe”, la mujer con quien me identificaba, que tenía dudas, vacilaciones, que a veces veía en el espejo y no reconocía, hoy acepto con algarabía y gratitud que ya no está presente.

Y a nuestro marinero, el faro del mar lo seguirá guiando, ayudándolo a levantarse cada vez que sea necesario y seguir navegando hacia el norte: dejar ser al ser.

Una serie para encontrar(nos)
¡Porque el Feminismo Sigue Vivo!

Comentarios 2

  1. Un cambio de piel sólo ocurre cuando se acepta que se tiene una piel que ya lo dio todo, con sus errores, aciertos, se acepta con gratitud y amor que está ahi pero que cumplió su función y que se da entonces la metamorfisis, solo y solo si se tiene plena conciencia de que existió y ahora evolucionó….

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