Romper un mundo.

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Ave saliendo del cascarón

Hoy me sentí adormecida, con una especie de letargo perenne. A expensas de alcanzar el límite mínimo de rendimiento diario se pudo catalogar a la jornada como productiva. Durante el trabajo, tuve un momento de epifanía para cuestionar: ¿en qué creo?

Tiendo a relacionar el inconsciente de Freud con la esencia del ser. Tal como dos caras de una moneda, me gusta vincular a la física con la explicación de fenómenos energéticos, como que “la vibra de las personas” podría tener fundamento en la teoría de cuerdas.

En fin, retomando la pregunta ¿En qué creo?

  • Creo en la energía de las personas, la energía de los pensamientos, la energía de los sentimientos, el poder de la palabra.
  • Creo en el alma, en mi alma y en las de todos los hermosos seres que he conocido en esta vida ¿Incluyendo vidas anteriores? (Sin miedo al éxito).
  • Creo en Dios y su infinita sabiduría.
  • Creo en el amor como fuerza impulsora de toda creación.

Al leer esas conclusiones, me percaté que jamás se me ocurrió responder “creo en mí”

¿Creo en mí? ¿Realmente creo en mi potencial? ¿Realmente creo en la sabiduría de mi alma? ¿Cómo puedo creer en algo externo si cuestiono creencias internas?

Por otro lado, recordé un pensamiento que había colgado en el corcho de la procrastinación

En los últimos meses, lo más saludable que había intentado hacer por mí fue sublimar mis miedos a planes y organización… Sin embargo, se había estado saliendo de control.

Había desarrollado una obsesión con el tiempo y la impuntualidad, al punto de que la avería de mi reloj implicó una doble revisión de la hora, después de haberla consultado a un transeúnte en la estación del subte. Tuve que asegurarme prácticamente 3 veces de que iba a tiempo.

Ahora, el meollo del asunto es: ¿Por qué tantos miedos? ¿Por qué tanta desconfianza?

Más tarde ese día, regresando del trabajo leyendo Demian, me sentía embriagada en la pasión de los pensamientos de Sinclair, en su mundo de ideas, mi mente se mezclaba con la realidad de Sinclair, él era quien narraba sus pensamientos en mi cabeza.

El quid de la anécdota es que Sinclair pintaba un escenario de fusión con la naturaleza y su alma, mencionando lo siguiente “Hasta qué punto somos también nosotros creadores y cómo nuestra alma participa siempre en la continua creación del mundo”

Sentí que volaban de mis oídos dos tapones, perdí por completo la percepción temporal, concentrada en el relato. Aún siento vibrar esas palabras, horas después de haberlas leído.

Posterior a internalizar esa expresión, percibí a todo mi ser resonante, que las palabras emergían de mí gracias a la descompresión de Sinclair.

Retomando la idea anterior sobre la necesidad de control, comencé a razonar sobre los probables orígenes de dicha posición. Posiblemente mi lado menos evolucionado, el poco adaptado al cambio, buscó un sistema desde el control para sentir que tomaba riendas en el asunto, no obstante, también intentó comprimir la esencia del alma en el córset de la lógica.

En otras palabras, la situación de inestabilidad catalizó más deseo de control, sin embargo, la desconfianza ante un escenario producto de la participación del alma en el proceso creativo, condujo a una insurreción al molde que me estaba imponiendo con excesiva organización, dado que no hay plantilla para el ser.

“La vida es” citando las palabras de Richard Bach. La vida sigue su ritmo, confía en que aprendas el compás de la evolución y la acompañes bailando desde tu verdadero ser.

En grandes oportunidades decidí soltar cualquier anclaje mental catalogado como “lógico” desde mis miedos. Uno de ellos fue hace dos años cuando decidí dejar atrás un volcán de crisis. Después de caídas y aprendizajes, el ímpetu por retomar el timón que había cedido al tsunami emocional, ganó, y comencé a canalizar las pulsiones mentales.

El soltar el control exorbitante, implica un salto de fé, una apuesta a la sabiduría infinita del alma en la participación del proceso creativo de nuestro mundo.

Navegar en el mundo con la vela de las creencias personales, disminuyendo el control innecesario, involucra adentrarse en lo desconocido, con la convicción de que todo estará bien y podrás con los retos, podrás conquistar tus victorias personales, serás el capitán de tu alma tal como lo narra Invictus , podrás llegar a ti.

Finalmente, para cerrar utilizando el mismo hilo de ideas de Sinclair: “el que quiere nacer tiene que romper un mundo” dejando el mundo del miedo y embarcándose en el universo de las certezas desde la participación del alma en el proceso creativo.

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Mantra del Perdón.
Matrix: Construir la realidad.

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    2. Cree siempre en ti y en Dios que lo llevas en tu corazón tal como lo dice el mandamiento AMA a Dios por encima de todas las cosas y ama a tu projimo como a ti mismo El amor y la Fe (fe como sinónimo de Creer) van unidas de la mano..El amor es la cara de una moneda y el miedo la otra cara..Son la misma moneda tu decides por que lado estar..Es tu decisión de nadie más

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